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Europa y su relación con los países del sur continental

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Una fiesta a la que somos invitados

En ocasiones, se ha dicho que los países del sur continental estamos en la Unión Europea como aquél que le han invitado a una fiesta, pero no sabe muy bien por qué. Nos encontramos en un rincón, tomamos croissants y observamos sin decir demasiado nada, por miedo a que se den cuenta de que nuestra invitación fue un error. Esto es lo que hace que el europeísmo español y catalán sea un europeísmo amplio, casi unánime, pero carente de fuerza y ​​empuje. Hablamos de Europa siempre en tercera persona, como un fenómeno meteorológico, ajeno e inevitable. Aceptamos todo lo que nos ofrecen y nos quejamos cuando lo que llega no nos gusta, pero no nos atrevemos a proponer nada y siempre vamos a remolque de las decisiones e iniciativas de los países fundadores y del núcleo duro franco-alemán, que consideramos los auténticos europeos. La integración europea es algo que nos sucede, que sucede, pero que no hacemos. Por eso en estas elecciones no se ha hablado mucho de cómo debe ser la Unión en el futuro próximo, de qué gobernanza y qué competencias debe tener, de si es necesario modificar los tratados antes de ampliar, o de si el Parlamento debe ganar poder en detrimento del Consejo. No se ha hablado, en definitiva, de cuánta más soberanía deben ceder los estados.

Europa y su relación con los estados

Desde 1950, cuando Robert Schuman hizo el famoso discurso, sabemos que la Europa política es un juego de suma cero. Si algo se decide en Bruselas, no se decide en Madrid. Es tan sencillo como esto. Por eso resulta sorprendente que el partido que ha ganado las elecciones en Catalunya lo haya hecho con un discurso abiertamente contradictorio. El lema era ‘Más Europa’, pero en el anuncio publicitario se afirmaba que más Europa era más Cataluña y más España. Quizás es cierto que más Europa puede ser más Cataluña, ya que según el principio de subsidiariedad, las regiones (incluyendo las naciones) son el ámbito adecuado para implementar la mayoría de las políticas públicas. Pero más España, más estado nación, definitivamente no.

La soberanía y la relación con la Unión Europea

Cabe destacar que éste no es el único planteamiento confuso de esta campaña. El segundo y tercer partido con más votos, ambas fuerzas independentistas, tampoco se han esforzado mucho en explicar que se puede ser soberanista y europeísta a la vez, aunque parezca contradictorio. Lo que queremos es tener toda la soberanía que actualmente está en manos del reino de España para después ceder parte importante al proyecto europeo. El discurso de la Europa de las naciones, si no se explica bien, puede parecer demasiado similar al de la Europa de las patrias de la extrema derecha. El acento debe ponerse no tanto en un concepto tan gastado y cuestionable como la soberanía, sino en una idea mucho más sencilla: la diversidad intrínseca de la sociedad europea como signo de identidad y valor a proteger. Lo dice el lema de la UE: ‘In variedade concordia’ (Unida en la diversidad).

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