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La victoria catalanofrancesa sobre los españoles en la Batalla de Montjuïc

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un grupo de soldados corriendo con banderas y cascos en la cabeza y un hombre sosteniendo un arma en la otra mano, De Hirsh Margules, vfx, una pintura mate detallada, antípodas

Un hecho histórico que cambió el curso de la guerra

Hace 383 años, el 26 de enero de 1641, se produjo uno de los episodios más relevantes de la Guerra de Separación de Cataluña (1640-1652/59). Al borde de la montaña de Montjuïc, en Barcelona, ​​el ejército formado por catalanes y franceses logró derrotar a los tercios españoles y hacerlos huir. Esta batalla, conocida como la Batalla de Montjuïc, fue la primera gran triunfo militar catalanofrancés en esa lucha. Hasta entonces, los españoles, que habían invadido el Principado dos meses antes, habían ganado todos los combates contra los catalanofranceses. Pero la Batalla de Montjuïc no sólo fue la primera de una sucesión de victorias catalano-francesas, sino que también tuvo un impacto extraordinario en el desarrollo de esa guerra.

Los protagonistas de la batalla

El ejército catalán estuvo dirigido por Francesc de Tamarit, consejero-protector del Principado, y contó con nueve regimientos de infantería y artillería de la Coronela de Barcelona (compañías de ciudadanos armados y organizados por gremios), tres regimientos de Fusellers de Cataluña (compañías de mosqueteros, llamados Miquelets, reclutados en las poblaciones del país) y dos regimientos del Brazo Militar (compañías de caballería del estamento nobiliario del país). En total sumaban 6000 efectivos. El ejército francés estuvo liderado por Henri Robert de Serinhan, y dispuso de un regimiento de infantería, siete batallones de caballería y una compañía de Mosqueteros del rey de Francia, que sumaban 2.000 efectivos.

Los españoles, confiados por su superioridad numérica (más de 20.000 efectivos) y su moral alta (no habían sufrido derrota alguna desde el inicio de la guerra), cometieron varios errores de estrategia que les acabarían saliendo muy caros. Durante las primeras horas de lucha, los españoles perdieron a más de 1.500 efectivos y gran parte de sus mandos. Al día siguiente, el comandante español -el cruel Los Vélez, que había asesinado a la población civil catalana en el camino de Tortosa a Barcelona- ordenaba la retirada. En la vergonzosa retirada española hasta Tarragona fueron asediados por los miguelitos catalanes, que les causaron más de 1.000 bajas. Y al llegar a Tarragona, unos 8.000 soldados españoles desertaron.

Las consecuencias de la batalla

Francisco Manuel de Melo, uno de los mandos supervivientes del descalabro español, dejaría escrito: “Las banderas de Castilla, poco antes desplegadas al viento en señal de su victoria, caminaban caídas y pisadas a los pies de sus enemigos, donde muchos ni por trofeos y adornos del triunfo las levantaban; a tanta desestima se redujeron. Las armas perdidas por toda la campaña eran ya en tanto número, que pudieran servir mejor de defensa, que en manos de sus dueños, por la dificultad que causaban en el camino: sólo la muerte y la venganza alabada en la tragedia española parece, se deleitaban en aquella horrible representación”. Pocas semanas más tarde, el conde-duque de Olivares, ministro plenipotenciario español, ponía fin a la carrera militar de Los Vélez.

La Batalla de Montjuïc fue un punto de inflexión en la guerra, demostrando que los catalanofranceses podían hacer frente a los españoles y que su alianza era sólida. Además, reforzó la moral de los catalanes y les animó a continuar la lucha por su libertad. La batalla también tuvo una gran repercusión internacional, puesto que puso de manifiesto la debilidad del poder español y abrió la puerta a nuevas alianzas con otros países europeos que se oponían a su hegemonía.

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